Te voy a explicar esto como se lo explico a mis pacientes
Toxina botulínica y rellenos dérmicos, sin líos y sin cuentos
Soy el Dr. Edu.
Y si hay algo que veo todas las semanas en consulta, es esto:
Personas inteligentes, informadas, que han leído, que han preguntado…
y aun así siguen confundiendo la toxina botulínica con los rellenos dérmicos.
No porque no quieran entender.
Sino porque nadie se lo explica bien.
Así que hoy voy a hacerlo como hago siempre en consulta:
sin tecnicismos innecesarios,
sin promesas exageradas,
sin miedo,
y sin tratarte como si no supieras nada.
Si estás aquí, es porque quieres entender qué le pasa a tu rostro
y qué herramientas existen para cuidarlo mejor.
Vamos paso a paso.
Lo primero que siempre aclaro: no todo lo que parece una arruga es lo mismo
Este es el error de base.
La mayoría de la gente mira una arruga
y piensa que todas se tratan igual.
No.
Una arruga no es un diagnóstico,
es solo una señal.
Y detrás de esa señal puede haber causas completamente distintas.
En estética facial, básicamente nos movemos en dos grandes terrenos:
-
El movimiento muscular
-
La pérdida de volumen y soporte
Cuando entiendes esto,
todo lo demás empieza a tener sentido.
La toxina botulínica: cuando el problema es el movimiento
Voy a ser muy claro.
La toxina botulínica no rellena.
No da volumen.
No “engorda” la cara.
La toxina botulínica actúa sobre el músculo.
¿Para qué?
Para relajarlo cuando se contrae más de la cuenta.
Hay músculos faciales que usamos miles de veces al día:
al fruncir el ceño,
al levantar las cejas,
al sonreír,
al gesticular.
Con el tiempo, ese movimiento constante marca la piel.
Primero de forma dinámica (solo cuando te mueves).
Después, si no se trata, incluso en reposo.
Cuando el problema es ese,
cuando la arruga aparece porque el músculo trabaja demasiado,
la toxina botulínica es una herramienta extraordinaria.
No borra tu expresión.
No te deja “congelado” si está bien utilizada.
Lo que hace es bajar el volumen del gesto, no eliminarlo.
Yo siempre lo explico así en consulta:
no es apagar la luz,
es bajar la intensidad.
¿Dónde tiene sentido usar toxina botulínica?
En mi práctica, la uso sobre todo en:
-
Arrugas de la frente
-
Entrecejo
-
Patas de gallo
-
Sonrisa gingival
-
Bruxismo
-
Hiperhidrosis (sudoración excesiva)
Todos estos casos tienen algo en común:
el músculo es el protagonista del problema.
Si el músculo se relaja,
la piel descansa.
Y cuando la piel descansa,
el rostro se ve más fresco, más relajado, más joven.
Ahora hablemos de los rellenos dérmicos (y no, no son lo contrario)
Aquí viene otra confusión habitual.
Mucha gente piensa que los rellenos dérmicos son “lo opuesto” a la toxina.
No lo son.
Son otra herramienta, para otro tipo de problema.
Los rellenos dérmicos no actúan sobre el músculo.
Actúan sobre el volumen, la estructura y el soporte del rostro.
Con los años, todos perdemos volumen facial.
En los pómulos,
en la zona media,
en la mandíbula,
en las ojeras.
No porque hagamos algo mal,
sino porque es biología.
Cuando ese volumen se pierde, la piel cae, se hunde, se pliega.
Y ahí aparecen surcos y sombras que no dependen del movimiento.
Puedes estar completamente relajado,
y aun así el surco está ahí.
En esos casos, la toxina no tiene nada que hacer.
Ahí entran los rellenos dérmicos.
¿Para qué uso yo los rellenos dérmicos?
Los uso cuando necesito:
-
Devolver soporte
-
Recuperar proporciones
-
Reposicionar volúmenes
-
Mejorar contornos
Por ejemplo:
-
Surcos nasogenianos
-
Ojeras hundidas
-
Pómulos planos
-
Mandíbulas poco definidas
-
Labios que han perdido estructura
Fíjate en algo importante:
no hablo solo de “rellenar”.
Hablo de estructura.
Un buen relleno no se nota.
Se siente en el conjunto del rostro.
El error más común que veo en consulta
Te lo digo tal cual.
El error no es usar toxina o relleno.
El error es usarlos sin diagnóstico.
He visto toxina donde hacía falta volumen.
He visto relleno donde lo que sobraba era movimiento.
Y cuando pasa eso,
el resultado nunca es bueno.
No porque el producto sea malo,
sino porque se usó para algo que no era su función.
Es como tomar un antibiótico para un dolor muscular.
No es que el antibiótico sea malo,
es que no era lo que tocaba.
¿Se pueden combinar toxina y rellenos? Sí. Y muchas veces es lo ideal
Esta parte es importante.
Hay rostros en los que el problema no es uno solo.
Hay arrugas por movimiento
y pérdida de volumen al mismo tiempo.
En esos casos,
lo más sensato no es elegir uno u otro,
sino combinar.
Primero relajas el gesto que está marcando la piel.
Luego devuelves soporte donde hace falta.
Cuando se hace así,
el resultado es armónico, natural y duradero.
No se trata de “pinchar más”.
Se trata de pinchar mejor.
Hablemos del miedo a verse artificial
Este miedo lo escucho todos los días.
“Doctor, quiero algo natural.”
Y siempre respondo lo mismo:
La naturalidad no depende del producto.
Depende del criterio.
Ni la toxina botulínica ni los rellenos dérmicos dejan caras artificiales por sí solos.
Lo que deja caras artificiales es:
-
El exceso
-
La falta de planificación
-
No respetar la anatomía
-
No saber decir “hasta aquí”
Un buen tratamiento no llama la atención.
Lo que llama la atención es el mal hecho.
¿Cuánto duran los efectos? Expectativas realistas
Esto también lo aclaro siempre.
Nada de esto es permanente.
La toxina botulínica:
-
Empieza a notarse a los pocos días
-
Dura entre 3 y 6 meses
Los rellenos dérmicos:
-
Se notan casi de inmediato
-
Duran entre 9 y 18 meses, según el producto y la zona
El cuerpo los va reabsorbiendo poco a poco.
Eso no es una desventaja.
Es una garantía de seguridad.
Si solo te quedas con una idea, que sea esta
Antes de pensar en toxina o relleno,
hay que entender qué le pasa a tu rostro.
No todas las arrugas se tratan igual.
No todos los rostros necesitan lo mismo.
No todo el mundo necesita pincharse.
Pero si decides hacerlo,
hazlo desde el conocimiento, no desde la confusión.
La toxina botulínica y los rellenos dérmicos no compiten.
No se sustituyen.
No se pisan.
Cada uno tiene su lugar.
Y cuando se usan bien,
no cambian tu cara:
te devuelven a una versión más descansada de ti.
Eso, al final,
es de lo que va la medicina estética bien hecha.
